martes 13 mayo 2008
 
 
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OBRAS PARA LOS JUEGOS OLIMPICOS EN BEIJING

En marzo se inaugurará el Estadio Nacional de Beijing que, junto con su vecino el Centro Acuático Nacional (abierto a fines de enero), son las dos obras que la China ha puesto en el mapa de la arquitectura mundial, y donde se desarrollarán los Juegos Olímpicos en agosto próximo.



El Estadio Nacional, o “nido de pájaros”, fue proyectado por Herzog y De Meuron, con diseño estructural de Arup & Partners. Una red de acero con cubierta transparente sobre las tribunas y con el campo descubierto, define el estadio de 330 metros de largo, 220 de ancho y 69 de altura. Es simétrico, y sus responsables esperan que se convierta en un símbolo de Beijing como la Ópera lo es para Sydney. Con una capacidad de 91.000 espectadores, en el futuro se utilizará para atletismo y fútbol.

Por lo pronto, ya se convirtió en souvenir de las Olimpíadas: con el sobrante del acero de la construcción del Nido, están en venta reproducciones a escala, en tres tamaños, en ediciones limitadas. Estos modelos muestran con exactitud la estructura e instalaciones en el interior del edificio, incluyendo accesos, escaleras, tribunas y el campo. Viene en dos colores, oro y plata, con precios entre 120 a 531 dólares, según el tamaño.

Para que la celebración no tenga inconvenientes inesperados, la oficina meteorológica de Beijing recibió instrucciones gubernamentales para asegurar que el estadio se mantuviera seco durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos. Se asegura que el objetivo se logró empleando dos métodos para evitar las precipitaciones ligeras: las nubes con agua a temperaturas por debajo del punto de congelación se rociaron con un refrigerante a base de nitrógeno líquido que rompió las gotitas en otras de tamaño más pequeño, impidiendo de este modo la precipitación. A las nubes por encima del punto de congelación se las pulverizó con ioduro de plata para producir una fuerte corriente de aire descendente que suprimiera las nubes, acelerando el proceso de coalescencia de las gotitas (es decir, provocando la lluvia antes de que la nube se colocase sobre el estadio.



La otra estrella de los juegos, el Centro Acuático, conocido como el “cubo de agua” es obra de arquitecto australiano John Pauline, y tiene capacidad para 17.000 espectadores. Deriva el apodo de su cerramiento exterior de membrana de láminas de plástico translúcido azul brillante. Esta especie de almohadillas transparentes, al alcance de la mano de cualquier curioso que quiera comprobar su textura mullida, permiten que este espacio esté iluminado al 90 por ciento por luz solar, lo que lo hace sustentable por su eficacia en el ahorro energético, y consiguen que el agua de la piscina se refleje por el interior de toda la estructura.

"El edificio ha estado siempre inspirado en el agua, dice su autor, el arquitecto Pauline. El agua tiene muchos estados. Sin embargo, nosotros estábamos particularmente interesados en la naturaleza estructural del agua en el estado de espuma o burbujas. Esto nos ayudó a perseguir nuestras metas adicionales de luminosidad, transparencia y belleza geométrica".

El Cubo está rodeado de un foso de agua de cinco metros de ancho, con accesos mediante puentes. Esto refuerza el mismo concepto de agua pero también está conectado con la memoria de los puentes y las conexiones de los templos y las ciudades antiguas, tema que estuvo muy presente en la concepción del edificio para su autor. Pero el Cubo está diseñado para perdurar: el equipo de diseño cuenta con que supere los 50 años de vida reconvertido en un centro recreativo y deportivo de uso público tras las Olimpíadas.

Señalo su autor que el Cubo fue proyectado para que trabaje en armonía con el Nido: “Ambos son muy diferentes en apariencia, sin embargo se complementan en términos de forma, textura, color y escala”.

 

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